Lo que un simple “poligonito” esconde

Y tú… ¿Cuánto cobras por hora? 

Hace tiempo ya que los que nos dedicamos a “vender” servicios tenemos que enfrentarnos a la típica pregunta. Y la verdad es que se te queda la misma cara de estupefacción cada vez que la oyes, a la vez que luchas por estrujarte el cerebro para responder de una manera diplomática y correcta. Quizás la respuesta adecuada sería esta que me dio una persona que conocí en su día: “Oiga, yo cobro por lo que usted no sabe o no puede o no quiere hacer.”

Dinero por… ¿Tiempo?

Y es que siempre nos han vendido, que la remuneración que recibimos la tenemos que medir en contrapartida al tiempo que invertimos. ¿Seguro? ¿Sólo cedemos tiempo de nuestra vida? Ya lo dijo Don Alberto “El Tiempo es relativo”, y en este caso “es relativo” a:

  1. Mi formación, académica o no.
  2. Mi experiencia.
  3. Mi conocimiento, proveniente de mi formación y / o de mi experiencia profesional, y por qué no, vital.
  4. Mi capacidad para “buscarme la vida” y encontrar soluciones a los retos planteados.

¿Parece obvio no? Pues no lo es tanto cuando se empeñan en compararnos mediante la unidad temporal.

experiencia

Gonzalo que te olvidas de contar eso del “poligonito” misterioso…

Pues érase una vez, el Sr. “Punto”, triste, solitario, y vacío, sin un dato asociado que le diera “color” a su existencia dentro de alguna clasificación que le proporcionara sentido. A su vez estaba la Sra. “Tabla de datos”, que necesitaba mostrar al mundo todo lo que tenía que ofrecer, pero de una forma diferente, visual, sencilla de entender de un vistazo.

Ahora es cuando el Sr. Cliente aparece y te explica el problema (o no) de cómo hacer que estos dos individuos se transformen en una única entidad maravillosa con la que puedas representar un problema o una solución de forma gráfica, visual. “Oye que esto es muy sencillo, solo tienes que hacer que se conozcan, le das a unas cuantas teclas y en un momento lo tienes listo”.

En un acto de buena fe, das por supuesto muchas cosas, entre ellas que el Sr. Punto y la Sra. Tabla de Atributos han de conocerse ya o, por lo menos, estar en sintonía, preparados para compartir información. Das tu presupuesto sin mucha explicación, y a recibir los datos.

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Al recibir los datos ves que… ¡Horror! ¡Estos datos no van a encajar en la vida! Y es que:

  1. Los datos están en formato diferente: unos están con acentos, otros abreviados, otros con un código. Ya tenemos horas en editar y corregir valores.
  2. Que no todos los datos importan y además de formatear los datos hay que extraer los realmente importantes. Ya tenemos horas en realizar consultas, exportar, cargar datos, realizar pruebas.
  3. Que hay que crear un nexo de unión para que nuestros dos protagonistas se entiendan y puedan ser el uno parte del otro. Ya tenemos que “inventar” el sistema de unión (campo clave).
  4. Además resulta que, tras pruebas y visualizaciones, quizás sea mejor utilizar polígonos para mejorar la representación, con lo que el trabajo anterior hay que rehacerlo y digitalizar de nuevo.
  5. Etc etc…

Resume por favor…

Pues en resumen, lo que iba a resolverse con un simple join, resulta que lleva acarreado “n” consultas SQL, “n” joins, “n” pruebas de “spatial joins”, importar exportar datos entre el SIG y la hoja de cálculo, “n” cambios de método de trabajo, “n” pruebas de impresión… Y un largo etc. (Me olvido de búsqueda de datos, digitalización, conversión de elementos.)

Conclusión.

Pues al final das un mapita temático hecho con todo el amor del mundo. Es decir, todo tu conocimiento, esfuerzo, inventiva, queda reducido a “poligonitos” distribuidos en el espacio. Puf!!!!!!!!!! ¿Tanto esfuerzo para obtener cuadraditos de colores? ¡Exacto!

En definitiva, lo que trato de decir es que a veces lo más simple en apariencia puede llevar detrás un trabajo complejo, arduo, lleno de ingenio, de buscar soluciones, de procedimientos, que luego tienen su representación en algo, en apariencia, sencillo.

¿Sabéis qué os digo? Me encanta trabajar con mis amigos los “vectoriales” y los “rasters”, a pesar de que nos empeñemos en ponerles la etiqueta de “tiempo” a todos ellos, sin importar mucho “lo que un simple poligonito esconde”.

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